El nuevo obispo del Quiché es panameño y estudió en el Colegio San Agustín, donde inició su proceso vocacional
El próximo 22 de enero, el P. Mario Molina será ordenado obispo en la catedral de la Santa Cruz del Quiché, en Guatemala y tomará posesión de nueva diócesis. Desde que su nombramiento se hizo público el 26 de obtubre pasado, el obispo electo ha estado preparándosepara asumir este nuevo ministerio. Haciendo un hueco en sus afanes de estos días previos a su consagración, ha tenido la gentileza de responder nuestras preguntas:
- ¿Mario, asusta la idea de ser obispo?
La palabra que describe mis sentimientos no es “asustar”, sino “me da respeto”. Asumo la responsabilidad con la conciencia clara de que no puedo dar ni lo que no soy ni lo que no tengo. Doy lo que soy y lo que tengo. Quiché es un reto por la diversidad de sus culturas, por la extensión del territorio, por la historia tan sufrida de su pueblo, por el desarrollo y la historia de la Iglesia en los últimos años.
Una iglesia particular en cierto modo comienza una nueva andadura con el nombramiento de un nuevo obispo. Por algo el derecho canónico prevé la disolución de todos los organismos de gobierno y de funcionamiento cuando queda la sede vacante. Eso le permite al obispo comenzar de nuevo y reorganizar de nuevo la diócesis según sus objetivos. Además la Iglesia no es mía, es de Jesucristo. Yo soy un servidor. A Dios y a Jesús me he confiado desde el primer día en que acepté, es más, acepté poniendo en Dios mi confianza. Esto es una fuente de paz y serenidad.
Tampoco tengo plazos que cumplir. No tengo cuatro años de gobierno, como un presidente ni me van a evaluar al transcurrir los primeros cien días de trabajo. Yo tengo por delante una tarea de 19 años, que son los que me faltan para cumplir la edad de jubilación de los obispos. Los programas en la Iglesia son a largo plazo, como la vida misma. La fe no es una actividad o un programa que hay que cumplir, es una dimensión de la vida en la que hay que crecer y madurar como comunidad, como Iglesia y como persona. La tarea del obispo es ayudar a crecer a las personas en esa fe.
- Llevas ya muchas años en Guatemala y has trabajado en la conferencia episcopal de manera que conoces bien la realidad del país y de su iglesia. Además, desde que retornaste a Guatemala tras el capítulo general habrás tenido ocasión de conocer más directamente al clero, a los religiosos y a los laicos de tu diócesis. ¿Cuáles van a ser las líneas maestras de tu acción pastoral en la diócesis del Quiché? ¿Qué prioridades pastorales te propones llevar adelante?
Es prematuro dar respuesta a esa pregunta de forma concreta. Yo sabré cuáles son las líneas maestras de mi acción pastoral, quizá dentro de un año. Mi programa para este primer año de episcopado es conocer: a las personas, los lugares y los procesos en marcha. He tenido un encuentro con la mayor parte del presbiterio a finales de noviembre. Participé como “observador” en dos días de asamblea pastoral a principios de diciembre. He tenido unos primeros contactos, pero todavía eso no es conocer. Yo parto con una idea sobre la misión del obispo: mi tarea es construir iglesia. De hecho he elegido como lema de mi escudo una frase de la 1Cor 14,5, en la que san Pablo le dice al que toma la palabra en la asamblea que hable “para que la Iglesia reciba edificación”. Desde hace muchos años que leí esa frase, me pareció apta para un lema episcopal y la he elegido para mí. La Iglesia recibe edificación cuando se anuncia a Jesucristo, se celebran los sacramentos y se fomenta la solidaridad fraternal en la comunidad. Pienso que el evangelio tiene la función de dar a las personas razones de porqué y para qué vivir con esperanza y alegría. Creo que mi tarea episcopal se moverá en ese marco. Pero es muy prematuro saber qué acciones concretas voy a realizar para darle forma y ejecutividad a ese proyecto teológico.
El texto paulino "para que la Iglesia reciba edificación" ha sido escogido por el P. Mario como su lema episcopal
- La diócesis que toca pastorear es una iglesia que tiene abundante sagre martirial derramada. Eso es signo de vitalidad, sin duda, pero también deja entrever que no van a ser pocas las dificultades que te vas a encontrar. ¿Cuáles prevés que sean estas dificultades?
En vez de hablar de dificultades, quizá prefiero hablar de retos. Si concibo mi tarea como una de dar razones por las que vivir con esperanza y alegría, presumo que encontraré retos en todos aquellos aspectos que les impiden a las personas vivir con esperanza y alegría. Uno puede pensar en la pobreza, la falta de trabajo y oportunidades, las carencias de salud, la precariedad de las comunicaciones terrestres en algunas regiones de la diócesis, la falta de escuelas, las migraciones a los Estados Unidos, el lastre de la guerra, las heridas no cicatrizadas, el sufrimiento todavía atenuado. Sin embargo mi tarea como obispo no es solucionar directamente esos problemas, sobre todo los de índole social y económica, sino suscitar la esperanza religiosa en medio de esos problemas y a partir de esa esperanza permitir que la gente desarrolle las motivaciones para encontrar alivio y solución a los problemas que los agobian. Mi predecesor hizo mucho en la línea de traer alivio y consuelo al pueblo golpeado por la guerra.
Esta es una línea que habrá con continuar. Otro reto es el de la diversidad cultural, aunque este es un problema complejo. Yo tengo la impresión de que los pueblos mayas guatemaltecos se mueven en la dirección de la castellanización, sin embargo por otro lado algunos líderes sociales mayas hablan muy vehementemente sobre la identidad cultural. No tengo claro cuál es el elemento sobre el que se funda esa identidad, si no va a ser el idioma. De todas formas la fe cristiana, el evangelio, tiene que hacerse parte de la cultura del pueblo. En toda cultura este es el desafío constante. El reto cultural a la fe en todas partes es la secularización, la pérdida de la estructura familiar como base de la sociedad.
- Los dos obispos que te han precedido en la diócesis te han puesto, sin duda, muy alto el listón. Suceder a monseñor Gerardi y a monseñor Cabrera no debe ser nada fácil...
Ciertamente mis predecesores fueron personas entregadas al servicio de Quiché cuando fueron obispos de la diócesis. A cada uno de ellos le tocó tiempos diversos, como también a mí. Mi tarea será distinta de la de ellos, por la época en que me toca a servir, por el talante de cada uno de nosotros. Yo seré el quinto obispo de Quiché. Yo espero poder imitar a mis predecesores en la calidad e intensidad de mi entrega para servir a Jesucristo, sirviendo al pueblo que se me ha encomendado.
"Yo tengo la impresión de que los pueblos mayas guatemaltecos se mueven en la dirección de la castellanización; sin embargo, por otro lado algunos líderes sociales mayas hablan muy vehementemente sobre la identidad cultural."
Territorio de la diócesis de Quiché que pastoreará como obispo a partir del
21 de enero el P. Mario Molina
Soy también una persona limitada. Yo daré todo lo que tengo, pero no pretendo compararme con nadie, pues aquí también se aplica lo de la viuda. A mí no me pide Dios que dé como dieron los otros, sino que dé todo lo que tengo. Yo soy teólogo, biblista, tengo habilidad para enseñar, para hablar, creo que tengo capacidad de cercanía y de diálogo. Esas cosas pondré al servicio de mi ministerio.
- Haznos una breve descripción de la realidad de tu diócesis
Yo no me siento capaz, a esta altura de mi ministerio, es decir, antes de comenzar, de hacer una breve descripción de la diócesis. Sé que tiene más de ocho mil kilómetros cuadrados, con cerca de seiscientos cincuenta mil habitantes. Se pueden identificar al menos cinco regiones lingüìsticas (k’iché, ixil, pocomchi, qeqchi, qanjobal). Aunque sobre este asunto no hay datos confiables, un 30% de la población, por lo menos es evangélica. Debe haber un 60% de personas que se identifican como católicas, aunque la práctica religiosa, entendida como asistencia al culto comunitario, debe ser menor. Debe haber un buen número de personas que siguen las prácticas de la espiritualidad maya. Estos son datos que se encuentran en internet, no son fruto del conocimiento adquirido por mí en las visitas a la diócesis que todavía no he hecho ni del contacto con las personas.
- ¿Algo más que quieras añadir?
Tengo la impresión de que los treinta y tantos sacerdotes con que actualmente cuenta la diócesis son insuficientes para las necesidades. Es verdad que también cuento con más de noventa religiosas y centenares de catequistas. Pero la Iglesia católica no funciona adecuadamente sin sacerdote. La iglesia católica se entiende a sí misma como apostólica y funda su sentido de apostolicidad en el ministerio episcopal y presbiteral de quienes presiden las comunidades. Creo que habrá que dar impulso a la pastoral vocacional y al crecimiento y acompañamiento a los sacerdotes. Creo que aquí está una de mis principales responsabilidades. Así se lo he dado a conocer al presbiterio cundo me reuní con los sacerdotes a finales de noviembre.