Saludo del Nuevo Obispo Mario Molina tras
su Ordenación Episcopal
Terminada la ceremonia de ordenación episcopal de monseñor Mario Molina como obispo del Quiché, ceremonia que duró más de tres horas, el nuevo pastor saludo a los presentes para agradecer su asistencia y pedirles la ayuda de su oración para ser fiel a la tarea que la Iglesia le ha encomendado al colocar al frente de la diócesis.
Querido Señor Nuncio, queridos Obispos de Guatemala y hermanos obispos agustinos recoletos que han querido acompañarme en este día en que, por voluntad de Dios y de la Santa Madre Iglesia, entro a formar parte del Colegio Episcopal.
Autoridades civiles que nos acompañan en este día y que con su presencia reconocen la contribución de la Iglesia católica al fomento de la paz, la justicia y el derecho de los pueblos.
Queridos sacerdotes de esta diócesis de Quiché, y amigos sacerdotes que me expresan su estima y cariño con su presencia aquí en este día, en el que la vocación al ministerio sacerdotal adquiere para mí un significado nuevo.
Queridos religiosos y religiosas, hombres y mujeres, consagrados a Dios, para entregar la propia vida como testimonio de santidad y como servicio al prójimo en sus múltiples necesidades, aquí en Quiché y en las diversas regiones del mundo donde la obediencia nos asigna la tarea. Saludo con particular cariño a los hermanos agustinos recoletos.
Queridos laicos que han llegado de las diversas parroquias de nuestra diócesis, desde el distante Ixcán hasta el propio Santa Cruz. Ustedes son testigos del evangelio, que con sus acciones transforman el mundo según los designios de Dios, y colaboran con la conducta recta a la justicia y la paz en la sociedad. Queridos amigos que me acompañan hoy de las Parroquias confiadas al cuidado de los agustinos recoletos: Santa María Goretti, San Miguel Totonicapán, San Judas Tadeo, San Nicolás de Tolentino, la Sagrada Familia de Xela.
Hoy es un día de fiesta en esta Iglesia de Quiché. Con esta ordenación de su Obispo, la Iglesia en Quiché renueva su carácter apostólico, que nos identifica como la auténtica Iglesia de Jesucristo y que nos pone en comunión con las Iglesias particulares de Guatemala y del mundo. Por tres años ustedes han orado para que Dios les concediera un Obispo que fuera padre y hermano, amigo y compañero, maestro y pastor. Me siento abrumado de pensar que yo sea la respuesta que Dios ha dado a esta su oración. Llego con corazón humilde, con disponibilidad total a entregar mi vida en esta misión que Dios me ha encomendado, con absoluta docilidad al Espíritu. Llego con conciencia plena de que vengo a servir a una Iglesia con una historia martirial, en la que sus mejores hijos derramaron su sangre por la fidelidad a Jesucristo. Una Iglesia pobre en bienes materiales, pero rica por la calidad humana de sus gentes. Llego con la idea y el propósito de ser ministro de la esperanza, para alentar en todos el sentido de una vida con futuro, porque Dios está con nosotros, nos sostiene y nos llena de alegría.
El nombramiento de un Obispo es una decisión soberana del Santo Padre, Obispo de Roma. Pero en la elaboración de esa decisión contribuyen innumerables personas, incluso aquí en Guatemala. Por eso, al Santo Padre y a cuantos lo ayudaron a realizar esta elección que ha caído sobre mi persona, agradezco la confianza que han puesto en mí. Desde que acepté la designación no dejo de orar para que el Señor me ayude a ser un pastor fiel, capaz de desempeñar la tarea y la misión que el Pueblo de Dios en Quiché espera de mí. Como mi Santo Padre Agustín, Obispo ejemplar, quiero ser un pastor ardiente en la caridad, claro y firme en la verdad de la fe, constructor de la comunión eclesial, predicador asiduo de la Palabra de Dios. He elegido como lema de mi episcopado una frase de la Primera carta a los Corintios. San Pablo exhorta al profeta, que todo lo que diga sea “para que la Iglesia reciba edificación”. Quiero que no sólo mi predicación, sino todos mis pensamientos y acciones logren ese propósito. Recen y oren por mí para que pueda ser un Pastor según el corazón de Jesucristo, Buen Pastor.
En esta celebración me acompaña mi familia. Mi papá, Mario, desde el cielo. Mi mamá Charito, quien ha venido desde Panamá con mis hermanas Marla y Mariela. Mi hermano Manuel ha venido desde Brasil. También están presentes otros miembros de mi familia. En el hogar aprendí la fe y conocí a Dios. En la familia aprendí a respetar al más humilde y sencillo como hijo de Dios. En la casa aprendí que la responsabilidad es la condición para el ejercicio de la libertad. Quiero agradecer a mis padres la inmensa confianza con que me educaron en la libertad, para seguir el camino de mi vocación. Yo me asombro ahora de que me dejaran ir lejos del hogar y de la patria cuando apenas tenía dieciocho años para iniciar mi formación religiosa y sacerdotal. Mi mamá siempre guardó la ilusión de que algún día yo regresaría a trabajar como sacerdote más cerca de ella. Nunca ocurrió. Hoy, Mamá, sé que tú haces una última entrega. Sabes ahora con certeza que mi misión está lejos de la familia en que crecí. Te agradezco tu generosidad y tu testimonio de fe.
Yo soy religioso agustino recoleto. Con los agustinos recoletos hice mis estudios primarios y secundarios. En esa Orden hice profesión de vida religiosa a los diecinueve años. Allí recibí también el sacramento del presbiterado, para servir a la Iglesia donde ella me necesitara. De los agustinos recoletos recibí formación humana, teológica y religiosa de gran calidad, para poder servir mejor a la Iglesia de Jesucristo. No tengo palabras para agradecer todo lo que he recibido. Hoy son numerosos los hermanos de comunidad que me acompañan, algunos de ellos también obispos, para expresar su cariño y su orgullo de que un hermano suyo haya recibido la misión de pastorear al pueblo de Dios. Quiero agradecer la presencia del Padre Prior General, Javier Guerra, y del Prior Provincial, Martín Berastegui.
Agradezco el cariño fraterno de los agustinos recoletos venidos no sólo de Guatemala, sino también de Panamá, de la República Dominicana, de Costa Rica, de los Estados Unidos, de Colombia de México. Agradezco también la presencia cinco obispos agustinos recoletos, venidos de Panamá, Costa Rica y Colombia, pero quiero mencionar por nombre a uno de ellos, a Monseñor José Agustín Ganuza, Obispo Prelado de Bocas del Toro en Panamá, de quien recibí la ordenación al diaconado y al presbiterado y hoy ha participado en mi ordenación episcopal.
Se ha reunido aquí hoy una multitud venida de los cuatro puntos cardinales de la diócesis. Del Ixcán, de la región Norte, de la Región Sur, de la Región Centro. Les agradezco su presencia aquí el día de hoy y sus oraciones por mí.
Ri Ajaw Jesús xub’ij chikech ri utijoxelab’ chi aretaq keb’opan pa jun k’olib’al re ub’ixik ri utzalaj Tzij, kakib’ij ri kirayinik ri uja’maril ri Ajaw.Kamik ri in kinb’ij chiwech:Ri uja’maril ri Ajaw k’o ta b’a iwuk’.In petinaq che uya’ik jub’ik utz’aqat ri uwokik ri utiox ri qajawal Jesucristo.Iwir kab’ijir ri qachalal xkiya’ kan ri kichak, ri kipatan ruk’ ri kikik’el rumal ri qajawal Jesucristo.Aretab’a ri kik’utb’al kuya’ ukowirisib’al chirech ri qakojob’al chweq kab’ij.Ri Ajaw kujusik’ij rech kujux tioxlaj taq winaq.
El Señor Jesús dijo a sus discípulos que cuando llegaran a un lugar para predicar el Evangelio, expresaran su deseo de la paz del Señor.Hoy yo les digo:La paz del Señor esté con ustedes.Yo he venido para contribuir a la construcción de la Iglesia de nuestro Señor Jesucristo.En el pasado nuestros hermanos dieron su trabajo, su servicio y su sangre por nuestro Señor Jesucristo.Ojalá que su ejemplo dé fortaleza a nuestra fe en el futuro.El Señor nos llama para que seamos santos.
Uno de los rasgos de la diócesis de Quiché que más me ha sorprendido es el número de consagrados y consagradas que aquí sirven al Pueblo de Dios. Ustedes saben que los religiosos son testigos de la vocación a la santidad a la que todos hemos sido llamados. Yo agradezco su servicio abnegado, su entrega generosa, su testimonio desinteresado. Trabajemos para que el testimonio de la santidad se manifieste a través del servicio solidario y fraterno.
Ustedes, hermanos sacerdotes de esta diócesis de Quiché, serán mis colaboradores más cercanos. Sin ustedes el ministerio episcopal quedaría incompleto. El Obispo y los presbíteros de la diócesis forman un colegio, y somos los responsables últimos ante Dios y la Iglesia de la evangelización y la acción pastoral. Según la teología católica, el ministerio de los sacerdotes con el obispo garantiza y fundamenta el carácter apostólico de la Iglesia. Esta es una responsabilidad grande. Como ya les dije en el primer encuentro que tuve con ustedes hace dos meses, quiero estar cerca de ustedes, para animarlos en su entrega y servicio, para recibir su consejo y experiencia, para compartir con ustedes las penas y las alegrías del ministerio sacerdotal. Tres sacerdotes de este presbiterio derramaron su sangre por Cristo en los años 80 y 81. Este testimonio es una herencia que nos llama a la responsabilidad en el camino de la fidelidad a Jesucristo y a su Iglesia, en la entrega del servicio a los más pobres, en la consagración para una vida santa. Gracias por haberme acogido con alegría y con cariño. Agradezco al p. Axel Mencos su servicio abnegado como administrador diocesano. Lo que se pensaba que iba a durar unos pocos meses se prolongó por tres años. P. Axel el Señor te recompense este nuevo servicio a la diócesis, que se añade a los que has prestado con valentía en tiempos aciagos.
Agradezco a Monseñor Julio Cabrera que haya aceptado mi invitación para presidir esta celebración. De manos de Mons. Cabrera inicié mi conocimiento y cariño por la Iglesia en Quiché, su amistad fue estímulo y ocasión para un servicio más entregado a la Iglesia en Guatemala. La imposición de sus manos, el día de hoy, expresa claramente la sucesión episcopal que es señal de la solidez y autenticidad de la Iglesia católica. Mons. Julio, la Iglesia en Quiché está perpetuamente agradecida contigo, porque cuando las heridas estaban vivas y sangraban, con tu servicio episcopal tú trajiste el ministerio de la consolación y la esperanza. Gracias a ti Julio por tu cariño y amistad. Agradezco también al Señor Nuncio y al Arzobispo de Los Altos que hayan actuado como co-consagrantes en el día de hoy. Quiero agradecer de modo especial la presencia del Arzobispo de San José y a todos los Obispos de Guatemala su asistencia a esta celebración.
Lun jaj yak’ib’al te aak Jesucristo
va’ li lochin aak ti’ votzit kajayil
u’meal k’aol, aq’al uva’ lun loch
see kajayil, lun xoni.
See kajayil, Tiixh la lochonex.
Al concluir, pido a Nuestro Señor Jesucristo, que me ayude a conocer a las ovejas del rebaño que ha puesto bajo mi cuidado, para que las ame y las sirva con el amor con que él nos amó. A todos digo, que Dios los bendiga.