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Allá por el mes de enero, los misioneros de Ño Kribo me invitaron a visitar algunas comunidades de la costa, frente al Escudo de Veraguas, para que se sitúen, y bendecir las capillas de Río Caña y Essey. Acepté con gusto el compromiso. Ellos organizaron lo necesario, y en la segunda quincena de abril, llevamos a cabo la misión. El Señor nos bendijo con buen tiempo.
Previamente yo me había trasladado a Kankintú. Ya saben: de Bocas del Toro a Almirante, en el taxi marino. De Almirante a Chiriquí Grande, en busito de línea. De Chiriquí Grande, con escala en la boca del río Krikamola, llegamos a Kankintú en el cayuco de la misión, con buen mar y caudal aceptable en el río.
Un par de días después, temprano, los padres Tomás y José Tomás, la hermana Santa, dos catequistas y este servidor salimos de Kankintú, en manos de nuestro motorista y cayuquero. Y en las de Dios, que la travesía era larga, el destino lejano y el mar siempre impredecible.
Bajamos el río, cruzamos la Laguna de Chiriquí enfilando la Punta Valiente, que doblamos sin novedad. Por el Canal del Tigre salimos al mar abierto. Navegamos a la vista de Kusapín, Tobobe, Playa Roja y, transponiendo la punta Coco o Ikako, nos presentamos en las playas de Río Caña y desembocadura del río Cañaveral. Habían pasado seis horas desde que salimos de Kankintú. Descansamos en un bosquete de palmeras, ¡y qué ricas nos sabían las pipas de Pedro Stonestreet, después de tantas horas de sol y de sal en el mar.
Nos pareció oportuno que Tomás y un catequista se quedaran en Río Caña, para preparar la celebración del domingo. José Tomás, la hermana, un catequista y este servidor, con el cayuquero, salimos para Essey. El bote salvó sin problemas las rompientes de la barra, entró en la ría del Cañaveral y nos recogió en la playa. El Diccionario Geográfico de Panamá registra el topónimo Río Caña corno el nombre del poblado, y el de Cañaveral como el del río. También los mapas lo identifican con ese nombre de río Cañaveral.
El Cañaveral es un río de llanura de pluviselva, caudaloso, de amplios trechos rectos. A los pocos minutos de navegación, pareciera bifurcarse. Pero no, es otro río, el Vegai (algunos mapas escriben Begae) que, luego de dieciocho kilómetros de curso paralelo y cercano a la costa, vierte sus aguas en el Cañaveral, para salir juntos al mar. Avistamos las misteriosas lagunas de Juglí y Darnaní o Sarnaní, y proseguimos de largo hasta embocar una quebrada que más parecía caño, que por verdaderos túneles de selva, en un recorrido moroso, por lo estrecho, nos llevó hasta las cercanías de Essey. Pero aún hubimos de caminar un buen rato para llegar a la comunidad.
Essey es comunidad de población ngobe, en asentamiento aglomerado. Tiene una hermosa escuela de bloques, con cocina y comedor rústicos y centro de salud. El Diccionario Geográfico de Panamá no lo registra, quizás por ser de origen reciente. Con todo, en el censo nacional de 1970 aparece como "lugar poblado", pero sólo con cuatro viviendas. Hoy tiene una veintena y algo más de cien habitantes. La mayoría de los ranchos son de tipo "tambo", sobre postes, con piso y paredes de palma gira y techo de palma. Muy frescos.
Río Caña es comunidad costera, de población mixta: ngobes, latinos y morenos, en parte dispersa en la playa, y aglomerada en la desembocadura del río Cañaveral. Algunos mapas la identifican como Pantano Sospecho que la sección de la playa es Pantan, y Río Caña la situada en la ría, al abrigo de la barra. Es comunidad más antigua y desarrollada que Essey. Tendrá unas cuarenta viviendas y como doscientos habitantes. Los censos la identifican como Boca del Rio Cañaveral.
Ambas comunidades son atendidas pastoralmente por el padre José Tomás, de la parroquia de Kankintú, que las visita en los tiempos fuertes de Navidad y Pascua, y siempre que circunstancias especiales lo exijan. La presencia de la Iglesia Católica es fuerte en ambas comunidades, apoyada en una tradición histórica sólida y una atención pastoral seria, organizada y mantenida mediante el trabajo generoso de los catequistas locales, que la parroquia de Kankintú va capacitando en una formación continuada.
Bajo la animación de José Tomás, la dirección de Tomás, el trabajo de los catequistas y la asistencia de organismos católicos de ayuda, cada comunidad, según su capacidad, ha construido su capilla que hemos bendecido e inaugurado en esta gira misionera, con sendas celebraciones, en las que participaron todos los católicos locales y otros visitantes. Las dos fueron preparadas por su correspondiente vigilia o velorio, al que asistió toda la comunidad, con cantos, rezos y reflexiones a cargo de los catequistas, la hermana, los sacerdotes y este servidor. Como fruto granado, oímos bastantes confesiones.
Después de la misa, la mesa. Que las dos comunidades sirvieron a todos los presentes una sabrosa comida, expresión de la fiesta y signo de las abundantes bendiciones de Dios. Nosotros, que oportunamente habíamos bajado de Essey, después de comer en Río Caña, iniciamos el regreso. ¡Que allá queda Kankintú!
Mons. José Agustín Ganuza oar
Prelado de Bocs del Toro
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