|
Del 28 al 30 de diciembre, veintiún religiosos provenientes de las distintas casas de la Provincia en España, nos dimos cita en el convento de Ntra. Sra. de Valentuñana, en Sos del Rey Católico (Zaragoza) para unas interesantes jornadas de formación continua.
El tópico de este año fue histórico y se dividió en tres acápites: la historia, el carisma y la espiritualidad de la Orden de los Agustinos Recoletos; la erección de la Orden en 1912 con el breve Religiosas familias; y la historia de la Provincia al cumplirse los cincuenta años de su existencia. El ponente, en esta ocasión, fue Fr. Ángel Martínez Cuesta, quien con gusto, elocuencia y humildad, nos expuso los conocimientos que poseía al respecto.
En cuanto a las sesiones, prácticamente hubo tres diarias. En estas, se daba una breve introducción. Luego se desarrollaba el pequeño esquema que nos facilitó el expositor, haciendo hincapié en aquellos puntos más memorables, y se concluía con unos aspectos rápidos de los desafíos que existen en nuestros tiempos.
En el primer tema se resaltó, a grandes rasgos, la evolución del entendimiento carismático de la Orden, y cómo, de algún modo, en algunas épocas han primado unos elementos y se han dejado otros atrás, para bien o para mal, hasta el momento en que nos encontramos, enmarcados en un proyecto general tanto de reestructuración como de revitalización, con los retos que ello supone en el ámbito personal y comunitario.
En el segundo, se subrayó todo lo que significó el nacimiento de la Orden como tal, en su contexto y todos los retos que ello supuso. A su vez, se señalaron algunas luces tanto personales como circunstanciales de ese momento, sin dejar de lado las sombras que envolvieron las etapas de la erección de la Orden. Del mismo modo, se planteó como fuimos evolucionando y cómo se fueron tomando decisiones que resultaron providenciales en la adecuación e la Orden a los tiempos que se vivían.
En el tercero, con las limitaciones de una historia que se haya aún en proceso constructivo, el ponente nos habló principalmente de los inicios de la Provincia, los empujes y las oposiciones que hubo en sus primeros pasos, y cómo poco a poco, a pesar de todo, se fue consolidando y estabilizando. Sin embargo, quedaron algunos datos por concretar, los cuales quedaron pendientes para una futura publicación.
Todo estaba entrelazado por un ambiente de jovialidad, fraternidad y relajación. De este modo, hubo tiempo prácticamente para todas las actividades que, grosso modo, constituyen nuestra vida. Por una parte, la vida espiritual tuvo un lugar predominante, dado que se procuró mantener todos los tiempos de oración, así como una cercana y solemne eucaristía diaria, acompasada con los cantos entonados por los religiosos de Torrent.
Por otra parte, el encuentro comunitario se dio en diversos momentos: las comidas, los diálogos alrededor del claustro, el tiempo para dar una vuelta fuera del convento dado que las temperaturas, aunque bajas, permitían gozar del exterior, el recreo comunitario endulzado por un trozo de turrón, o en la sala común. También hubo espacio personal para el estudio y la meditación de lo expuesto en las sesiones, o sencillamente para descansar, para repasar los tiempos musicales o para realizar algunas tareas pendientes de la facultad de teología. En fin, que hubo tiempo para todos los gustos y para todas las prioridades.
Por último, hay que resaltar, que la comunidad de Sos nos ha recibido a cada uno de los participantes, con una alegría y dedicación eminentes. Se les agradece todos los gestos y cada detalle tenidos. Siempre es una experiencia agradable el reencuentro con los hermanos de tantas luchas y fatigas, para la rememoración de las vivencias tenidas, y para el compartir la esperanza en un mañana anclado en la Providencia Divina.
|