Como es usual, los estudiantes de la casa de formación Santo Tomás de Villanueva, en Torrente, hemos participado en las dos semanas de formación propia agustiniana en el Convento de Marcilla, perteneciente a la provincia agustina recoleta de San Nicolás de Tolentino. En ese sentido, hemos estado presentes formandos de cuatro provincias de la Orden (San Nicolás de Tolentino, Santo Tomás de Villanueva, Nuestra Señora de la Consolación y San José)
Las ponencias tuvieron el orden acostumbrado. La primera semana estuvimos acompañados por Fr. Ángel Martínez Cuesta, quien con gran entrega y dedicación, se aplicó plenamente a instruirnos sobre la “Historia de los Agustinos Recoletos” durante el periodo comprendido entre los siglos XVI- XVIII.
El viernes y el sábado hubo un paréntesis para concentrarnos en la exposición de la “Exhortación Apostólica Postsinodal Verbum Domini” de la mano de Fr. Alfredo Sánchez, de la provincia de San José; así como de un pequeño taller sobre la “Lectio Divina” dado por Fr. Fabián Martin Gonzáles de San Nicolás de Tolentino. Durante estos días también contamos con la presencia de los novicios, procedentes del Convento de Monteagudo, así como de los postulantes de la provincia de S. Nicolás.
El martes, tras los últimos matices históricos dados el lunes, le tocó el turno a Fr. Miguel Flores quien nos introdujo más a fondo en la agustinología, concentrándonos hasta el viernes, en el periodo de la vida de San Agustín como monje. Así, hemos estado en contacto con aspectos de su biografía y de las obras realizadas durante esta etapa.
Cabe señalar que durante ambas semanas las mañanas estaban más ceñidas a la exposición pausada y sustancial de los ponentes mientras que las tardes estaban más dedicadas al trabajo por grupos donde se discutían diversos temas e inquietudes afines a la materia para luego ponerlos al común con todo los demás dándose en muchos momentos intensas sesiones de diálogo y debate.
A su vez, hemos tenido espacio para la vida comunitaria expresada en durante diversos momentos del día. Hubo amplio espacio durante las comidas y los recreos comunitarios para intercambiar experiencias y acontecimientos. También, para el deporte o los momentos de paseo vespertino. De igual manera, hubo distintas salidas comunitarias por los alrededores, como a Tudela, Pamplona, a lugares de interés cultural, y la más larga a San Sebastián incluyéndose una brevísima estancia en Francia al realizar un recorrido en un pueblo cercano a la frontera española llamado “San Juan de la Luz”.
La vida espiritual adquiere mucha relevancia en integralidad con todo lo demás. Los momentos de oración personal y comunitaria, la liturgia de las horas y las Eucaristías diarias han sido bien cuidados por cada uno de los participantes. Paralelamente, hemos celebrado grandes solemnidades de la Orden tales como la de Ntra. Sra. De la Consolación y la de S. Nicolás de Tolentino, donde en compañía de todo el pueblo, se tiene incluso una breve procesión por los previos del convento.
Cómo cierre significativo de todos estos días, durante la tercera semana se realizan los ejercicios espirituales, este año dirigidos por Fr. José Anoz, recoleto de la provincia de S. Nicolás. Con él hemos realizado un recorrido por el evangelio de San Juan, resaltándose diversos aspectos entre los cuales se encuentran: la invitación al seguimiento dada a los discípulos y representada por el “Ven y Verás”, el servicio desinteresado al realizar el lavatorio de los pies con la exigencia anexa dada a sus discípulos, el amor de Jesucristo vivificado en este entrega silenciosa en la cruz, así como tantos otros episodios de gran relevancia para nosotros. Todo en un ambiente de silencio y recogimiento propio de estos días.
En definitiva, han sido días de crecimiento personal y comunitario integrales dadas todas las circunstancias que se mezclaron. Por una parte hemos enriquecido nuestro bagaje histórico de la Orden y de San Agustín; por otra, el intercambio cultural fue positivo dada la variedad de personas que nos hicimos presentes; incluso, los tiempos de oración y de celebración eucarística da cabida a ese crecimiento espiritual progresivo. Todo encaminado, de alguna manera, a darnos luces para seguir profundizando en nuestra vocación como agustinos recoletos siguiendo a Jesucristo, vivo y presente hoy en medio de nosotros.
|