Celebración de la Recolección Agustiniana
y clausura del cincuentenario de la Provincia

El 5 de diciembre, en el convento de Ntra. Sra. de Valentuñana de Sos del Rey Católico, nos encontramos aproximadamente ochenta religiosos para celebrar estos dos grandes acontecimientos festivos. Las procedencias han sido diversas ya que hemos venido de distintas provincias recoletas así como de distintos lugares de España.

Junto con Mons. Eusebio Hernández, Obispo de la diócesis de Tarazona en Aragón, también han llegado religiosos de Navarra (Pamplona, Monteagudo, Marcilla), Madrid y de la Comunidad Valenciana. De la misma manera, de otras partes del mundo se han hecho presentes: de  Panamá, concretamente de Bocas del Toro y Chiriquí, Mons. Aníbal Saldaña y Mons. José Luis Lacunza respectivamente; y Quetzaltenango, en Guatemala, Mons. Mario Molina.

A su vez, han compartido este momento icónico el Prior General de los Agustinos Recoletos, Fr. Miguel Miró, así como los Priores provinciales de San Nicolás de Tolentino, de San José y de S. Tomás de Villanueva, junto con el de nuestra provincia.


Acto académico

El evento dio inicio a las 11:30 a.m. Fr. Manuel Beaumont, en sus palabras introductorias al acto, nos exhortó a situarnos en el significado de la revitalización y la restructuración hoy en día.

Luego, siguió la ponencia de Fr. Ángel Martínez Cuesta, quien disertó sobre el origen e historia de la provincia de Ntra. Sra. de la Consolación, abarcando tres etapas: los inicios (1955-1961), donde se nos señalaron las diversas motivaciones y factores que confluyeron al momento de su erección, sin dejar de lado los obstáculos y dificultades que hubo en los primeros pasos; la fase de expansión y de optimismo (1961-1970), donde se nos expusieron muchas de las decisiones y hechos tantos positivos como negativos que se dieron a lo largo de la misma; y por último, esta etapa más reciente (1970-2010), caracterizada por la búsqueda de soluciones a las dificultades que se venían dando, y la aparición de nuevos planteamientos y concepciones de la vida religiosa.

Por último, el Prior general, Fr. Miguel Miró, grosso modo, nos motivó a alegrarnos por este aniversario festivo, a reavivar el carisma agustiniano que hemos recibido a la luz de las renovadas constituciones, a vivir una conversión sincera del corazón y del espíritu tanto a nivel personal como comunitario, a reconocer nuestra identidad en la Iglesia, con los ojos puestos en la “nueva evangelización” y en el mundo presente siguiendo las exigencias del Evangelio, y a buscar los cauces para potenciar la vivencia de nuestra vida consagrada de manera coherente y con una convicción firme en función de una comunión de vida y de una fe esperanzada capaz de dar respuestas a lo que nuestros contemporáneos nos exigen.

Santa Misa

Tras esta primera fase, sin mayor dilación, llegó el momento de la solemne celebración eucarística presidida por Mons. José Luis Lacunza. Fue un encuentro gozoso en torno a aquel que nos ha convocado a vivir en comunidad, «teniendo una sola alma y un solo corazón en Dios».
La homilía fue enjundiosa. Mons. Lacunza nos ubicó la reestructuración de la Orden y de la Provincia en el marco de la Quinta Conferencia del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Aparecida (Brasil), señalándonos los enormes retos que tenemos en un mundo que nos exige y nos interpela continuamente, los cuales hay que asumir con gran valentía y dedicación, sin miedos o precipitaciones pasajeras y transitorias.
Se trata de responder con entusiasmo y entrega a lo que Jesucristo nos va pidiendo, de modo que seamos precisamente testigos de un Evangelio vivo y actual, en una relación viva e integrada con las Iglesias locales, y en comunión recíproca con la jerarquía eclesial, de modo tal que ambos se nutran jubilosamente de lo que cada cual puede aportar.


Comida fraterna

A continuación, nos dirigimos al comedor, donde en un ambiente familiar, y cercano, compartimos la rica comida que nos tenían preparada. Un encuentro fraterno y festivo donde cada quien pudo compartir con quienes tenía en su mesa las alegrías del presente, las nostalgias de un pasado que ha dejado muchas huellas en el presente, las esperanzas y las expectativas ante un mañana, que visto con optimismo y realismo, promete grandes cosas, aunque lógicamente requiera del granito de arena de cada quien desde su comunidad concreta.

En fin, fue un momento importante para recordar en primer lugar, que Jesucristo tomó la iniciativa de llamarnos a su servicio; en segundo lugar, que fuimos congregados para vivir como hermanos al estilo de San Agustín con nuestras semejanzas y diferencias; en tercer lugar, que vamos a donde la Iglesia nos necesita con nuestras fortalezas y limitaciones; y en cuarto lugar, que hay un futuro prometedor que afrontar, implicándonos cada quien en lo que le corresponde, viviendo con mayor entereza su consagración, en el día a día y en el hombro a hombro, camino a una misma meta: la santidad de vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
Fotos
   
     
     
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