Mensaje a los religiosos de la provincia de los participantes en el encuentro de formadores celebrado en Guatemala del 7 al 10 de junio

 

Entre los días 7 y 10 de Junio, nos reunimos en el Seminario San Agustín de Guatemala los encargados de la formación de la provincia, el P. Provincial, y el Vicario Provincial, cumpliendo la ordenación del último capítulo sobre el encuentro de formadores para este trienio.

Las reuniones intensas se realizaron en un ambiente de diálogo, comprensión, y convivencia fraterna. Abordamos con sinceridad, objetividad y profundidad la problemática de la formación de nuestro jóvenes aspirantes y seminaristas tratando de fijarnos en los criterios y orientaciones que nos vienen de la Iglesia, de la Orden y de la Provincia. Repasamos, completamos y unificamos los criterios en lo referente a la admisión de los candidatos, en las distintas etapas de la formación, en el acompañamiento y en los requisitos y exigencias de los formandos.

Somos conscientes de que la formación es clave en la vida de la Provincia y base de su futuro. Sabemos de la importancia de nuestro cometido y queremos hacerlo lo mejor posible. Esto nos ha llevado a revisar con realismo y espíritu crítico y constructivo nuestro trabajo. Y con tolerancia y sinceridad, intentamos buscar los medios que hagan fructífero nuestro ministerio para responder a la gran responsabilidad encomendada.

Agradecemos el esmero, la dedicación y las atenciones de los hermanos de la Delegación de Guatemala, en la bienvenida, acogida y preparación de este encuentro de la Provincia. En todo momento nos hemos sentido como en casa, en nuestro nuevo seminario, cuna, centro y esperanza de formación de las nuevas generaciones de Agustinos Recoletos.

Ha tres años de la anterior reunión, vemos que ha habido progresos que nos animan y que son base de esperanza y optimismo. Se ha inaugurado un nuevo seminario en el que hemos podido tener esta reunión. Una buena y práctica construcción que enraíza nuestra presencia en Guatemala y posibilita mejorar la formación para los aspirantes guatemaltecos y panameños, así como puede convertirse en referencia de la Delegación. Este seminario ha abierto las puertas también a los aspirantes de los últimos años de bachillerato para poder mejorar la preparación humana, cristiana, académica y agustiniana. También en este tiempo la provincia ha hecho el esfuerzo de mandar dos jóvenes a prepararse para ser formadores, lo que posibilitará en un futuro próximo enriquecer los equipos de formación. En dos de los seminarios ya se han podido reforzar con la incorporación de uno y dos miembros respectivamente.

Hemos constatado con prudente satisfacción que los criterios básicos de admisión y las metas mínimas a alcanzar en cada etapa, consensuados en el encuentro anterior, han sido útiles y prácticos. Los hemos revisado para actualizarlos y mejorarlos.

Hemos observado también signos de desesperanza en algunos religiosos a la hora de trabajar en la pastoral vocacional. De poco nos servirán tener las mejores estructuras y equipos de formación, si no tenemos aspirantes. Tenemos que hacer todos un esfuerzo en la pastoral vocacional, os pedimos vuestra necesaria participación. Nosotros nos comprometemos a hacer de los seminarios centro dinamizador de esta pastoral. Es tarea de todos y sólo con el esfuerzo de todos podremos tener los resultados deseados.

Hemos visto con dolor las deserciones, infidelidades y escándalos de consagrados que a nadie hacen bien y a todos perjudican, empezando por los mismos autores. Hemos analizado también con serenidad y profundidad las salidas, no siempre comprendidas, de algunos de nuestros aspirantes. Situaciones que no son fáciles y que tienen su explicación en historias y dificultades personales no superadas que impiden su consagración. Estas situaciones no deben desanimarnos en nuestro compromiso personal como religiosos ni en nuestro trabajo en la pastoral vocacional. Nosotros nos ratificamos en nuestra opción por la formación personalizada que busca, no sólo la asunción de signos y comportamientos exteriores, sino la suficiente madurez personal y cristiana que es precisa para vivir la entrega a Dios y a los hermanos en la vida religiosa.

Queremos animar también a todos los religiosos de la provincia a aprovechar la oportunidad que nos brinda el estudio de la realidad recientemente entregado por el DIS. Necesitamos estudiarlo y orarlo a nivel personal y comunitario, para poder buscar con audacia y realismo cauces de renovación para nuestra provincia.

En el contexto de la celebración del jubileo agustiniano seguimos convencidos de la vitalidad de nuestro carisma y creemos que es oferta válida para el mundo de hoy. A Dios damos gracias por este don y por tantos hombres y mujeres que lo han actualizado conformándose plenamente con Cristo. Pedimos su intercesión ante el Padre para poderlo vivir y cumplir así nuestro propósito.

 

 

 
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