Los religiosos de Guatemala celebran su tradicional encuentro navideño

Este 29 de diciembre celebramos la Navidad comunitaria en la Delegación OAR en Guatemala. Poco a poco va haciéndose tradición que a finales de año nos reunamos las comunidades de la capital y del Altiplano de Guatemala para convivir, celebrar y cambiar impresiones y aires nuevos junto al lago Atitlán, en Panajachel. A tempranas horas de la mañana vamos llegando hacia nuestro punto de encuentro, (la casa de la familia Müller), los de la comunidad de San Judas Tadeo y del Seminario, San Miguel de Totonicapán y la Sagrada Familia de Quetzaltenango y algo más rezagado, Mons. Mario del Quiché.
El Delegado inició la convivencia dando la bienvenida, en nombre de la Delegación a Fr. Ismael, el más reciente fichaje para el Seminario. De entrada, planteó algunos asuntos de interés para la Delegación y de inmediato tuvimos un ratito de oración preparada y dirigida por la Comunidad del Seminario. La Comunidad de la Sagrada Familia desplegó la “picadera”  rica, variada y abundante.  Y entre espárrago y espárrago, fueron surgiendo ideas y propuestas de posibles actos para conmemorar los cincuenta años de nuestra presencia en Guatemala. Los PP. Saturnino Sotil y Luis Belascuain tomaron posesión de la parroquia El Calvario de Xela el siete (7) de octubre de 1958. El 21 de diciembre de este mismo año, el P. Luis Belascuain recibía la encomienda de la “inmensa y dura”  parroquia de San Miguel de Totonicapán.
Entre las propuestas que se barajan están la presentación de una breve reseña histórica de cada uno de nuestros actuales ministerios en Guatemala, preparar alguna publicación referente a nuestra Orden en el periódico católico “La Misión. En la semana de Pascua de Resurrección tener de dos a tres días de reflexión sobre la forma de vida OAR en nuestro tiempo, la espiritualidad agustiniana hoy, la situación actual socio-política y económica de Guatemala. Esto requerirá contactar con especialistas que  puedan iluminar cada uno de estos aspectos
Así fue trascurriendo la convivencia hasta que llegó el momento de compartir un buen almuerzo en el que la conversación derivó ya hacia vivencias, anécdotas y chascarrillos de “otros tiempos” vividos en Artieda, Sos, Pamplona…. Torrente. Y a las tres de la tarde, cada comunidad emprendió viaje de regreso a sus respectivas bases de operación. Al final, uno de  esos días de convivencia que oxigenan la vida  personal y  comunitaria. 

 
   
     
     
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