CONVIVENCIA VOCACIONAL (Guatemala)

 

SEMINARIO SAN AGUSTIN DE GUATEMALA

Primer Taller Mixto de Orientación Vocacional

 

 

 

Objetivos

  1. Continuar con el proceso de orientación y acompañamiento vocacional comenzado en el Primer Retiro Mixto.
  2. Presentar los distintos caminos vocacionales y profesionales que se ofrecen a un/a seguidor/ra de Cristo en la Iglesia y en el mundo.

Programa

14:30=Acogida y animación

15:00=Oración

15:15=Estados y modos de vida en la Iglesia. ¿Cuáles serán mi estado y mi modo de vida?

16:00=Refacción

16:30=Vocación: estado, modo, carisma, profesión.

17:15=Momento de oración. Fin del taller.

Actividades

-Temas expuestos por el P. Víctor.

-Talleres: división en grupos para el diálogo sobre la vocación en el Catecismo de la Iglesia Católica, Números 2230 al 2233.

Estados y modos de vida en la Iglesia.

¿Cuáles serán mi estado y mi modo de vida?

 Queridos y queridas jóvenes, esta tarde nos reunimos para continuar estas actividades de orientación vocacional que comenzamos hace un mes con nuestro retiro. El objetivo principal de hoy es poder entender, con la ayuda de Dios, el tema de las vocaciones en el conjunto de nuestra vida como miembros de la Iglesia que somos. ¿Qué quiere decir tener una vocación x en para un miembro de la Iglesia? ¿Es lo mismo una vocación y una profesión? Hay personas que dicen que tienen un don, o un carisma, ¿qué quiere decir eso?

Ustedes saben lo que es una radiografía. ¿Sí? Se trata de ver, por decir así, nuestro cuerpo por dentro. Pues bien, en un primer momento de esta tarde, quiero invitarles a ver como una radiografía de la familia que formamos todos los que seguimos a Jesús en nuestra Iglesia Católica. Digo que es una radiografía, porque así como nuestro cuerpo lo vemos por encima, pero lo vemos por dentro, así pasa con la Iglesia: todos nos vemos por encima, nos reunimos en la misa, o en los grupos, pero generalmente no sabemos qué lugar ocupa cada uno en la comunidad eclesial y cual es el modo de vivir que tiene cada uno para ser fiel a Jesús. O no entendemos por qué cada uno hace una cosa. Como no sabemos bien cómo es la Iglesia nos surgen muchas preguntas. Algunas como estas: ¿Por qué los sacerdotes sí celebran la misa y las hermanas religiosas no? ¿Por qué papá no puede celebrar la misa en la casa? ¿Tengo yo que ayudar en alguna cosa en la Iglesia, o, será que los sacerdotes tiene que hacer todo en la Iglesia? ¿Por qué el papa y los obispos no se casan? Y las religiosas, ¿por qué no tienen hijos? ¿Por qué mamá, que se pasa tanto tiempo en la Iglesia, todavía no puede dar misa?

Pienso que todos alguna vez nos hemos preguntado cosas de estas, pero no las sabemos responder bien porque no conocemos cómo se organiza la Iglesia, como es ella por dentro. No sabemos el papel de cada uno en la comunidad eclesial. Intentemos ver a la Iglesia en su organización, verla por dentro.

Para entendernos, vamos a dividir a todos los que componemos la Iglesia en dos grandes grupos. A Estos grupos los vamos a llamar “estados de vida”. Son estos: 1) Estado de vida Clerical, y 2) Estado de vida Laical.

Al Estado de vida Clerical pertenecen todos aquellos que después del bautismo y de una adecuada formación han sido llamados por Dios a recibir el sacramento del Orden Sacerdotal, por el que Dios los eligen para que de alguna manera sean sucesores de los apóstoles, para mantener la misma enseñanza y vida que Cristo dio a sus primeros seguidores. Los que forman este Estado de vida son el Papa, los obispos, los sacerdotes y los diáconos.

El Estado de vida Laical lo forman todos los demás miembros de la Iglesia, por eso son llamados laicos. Los bautizados que siguen a Jesús en la Iglesia católica según las distintas llamadas que reciben de Dios atentos a ser fieles a Cristo, guardando fidelidad a lo que Él transmitió por medio de los apóstoles y de sus sucesores.

Viendo estos dos Estados de vida en la Iglesia, podemos preguntarnos ya a qué Estado de vida pertenece cada uno de nosotros. Y puesto que la mayoría aquí somos laicos, vamos a fijarnos un poquito en este estado de vida. Y para seguir entendiéndonos vamos a dividirlo a su ves en dos grupos: 1) Laicos consagrados y, 2) Laicos seglares.

Los Laicos consagrados son todos aquellos que han sentido la llamada de Dios para consagrar, dedicar, toda su vida al servicio de Dios y de la Iglesia. Y esto lo hacen comprometiéndose a vivir los votos de castidad, pobreza y obediencia, siguiendo a Cristo, que vivió virgen, pobre y obediente toda su vida terrena y aconsejó, por su palabra y por medio de los apóstoles, que algunos lo siguieran de este modo. A este grupo perteneces todos los religiosos y religiosas que conocemos: franciscanos/as, dominicos/as, agustinos/as, carmelitas, salesianos/as, etc.

Y todos los demás laicos son laicos seglares. A veces les dicen laicos comprotidos, porque son las personas que están en las comunidades, ejercen distintos ministerios como laicos, participan más activamente en la liturgia, visitan y atienden a los enfermos y a los más pobres, aprenden mucho y ayudan a formar a los demás hermanos y hermanas seglares, van a evangelizar, a llevar la palabra de Dios por las familias, etc. Así deben ser todos los laicos seglares, pero hay muchos seglares que no son comprometidos. Podemos preguntarnos ahora: yo, ¿a qué grupo de laicos pertenezco?

Hemos distinguido dos Estados de vida en la Iglesia. Pero ahora queremos distinguir también varios Modos de vida en la Iglesia. Lo hacemos fijándonos en cómo los bautizados en la Iglesia Católica vivimos nuestra afectividad, es decir, nuestra capacidad de amar y ser amado, y nuestra sexualidad, es decir, nuestra capacidad de expresar y vivir como hombres y mujeres, el amor y la vida. Atendiendo a esto podemos distinguir cuatro modos de vida en la Iglesia:

  • Modo de vida consagrada y sacerdotal: se trata de aquellos que viven su afectividad y su sexualidad guardando el voto de castidad propio de los consagrados y consagradas, o guardando el compromiso del celibato sacerdotal. Todos ellos eligen vivir su afectividad y sexualidad sin casarse, consagrando todo su amor y sus energías al servicio de Dios y de la Iglesia.
  • Modo de vida matrimonial: es el modo que eligen aquellos y aquellas que deciden casarse, expresándose mutuamente su amor como esposos y sumándose a la obra creadora de Dios mediante la procreación de los hijos.
  • Modo de vida en soltería: es el modo que eligen algunas personas que, sin hacer promesas o votos religiosos, deciden quedarse solteros/as para dedicarse a ejercer una profesión para bien de la sociedad o para quedarse a atender a algún ser querido enfermo, o a alguna actividad de beneficio para la Iglesia o la sociedad.
  • Modo de vida en viudez: se trata de aquellas personas que, al quedarse viudas por la muerte de su esposo o esposa, deciden no volver a casarse para dedicarse a sus hijos y a las cosas de Dios y de la Iglesia.

Estos son los llamados Modos de vida según elijamos vivir nuestra afectividad y nuestra sexualidad. Estas son dos realidades muy importantes, pues se trata de la capacidad que tenemos como seres humanos de vivir y expresar amor. Y esa capacidad nos relaciona directamente con Dios, que es amor. Hay que decidir cómo vamos a vivir nuestra afectividad y nuestra sexualidad haciendo caso a la llamada de Dios, pues hay que amar en primer lugar a Dios y, después, amarnos adecuadamente a nosotros mismos y a los demás. Nuestro modo de vida en la Iglesia dirá a todos cómo es que amamos, siguiendo los mandamientos de Dios y el ejemplo del gran amor con que Cristo nos amó.

Vocación: estado, modo, carisma, profesión

En este segundo momento de nuestro taller de hoy, queremos relacionar esa radiografía que hicimos de la Iglesia con el tema de la vocación. Porque esto es un taller de orientación vocacional, recordemos. Es muy sencillo lo que queremos decir aquí: la vocación de un seguidor o seguidora de Jesús en la Iglesia y en el mundo implica tener un estado de vida, y modo de vida, un carisma, y una profesión.

Vimos en el retiro que la vocación es esa llamada que Dios te hace a ti para que vivas de una determinada manera, y viviendo así, seas feliz tú y a ayude a los demás a ser felices, siendo siempre fieles a la llamada de Dios. Cómo encontrar la vocación es entonces encontrar la felicidad, por eso decimos que la vocación de cada uno es como su tesoro escondido, que hay que ponerse a buscarlo, sobre todo cuando uno es joven como ustedes, para ser felices cuando lo hallemos. Pus bien, esa manera de ser felices que será nuestra vocación nos dará un Estado de vida en la Iglesia. Dándome mi vocación Dios me dirá si seré clérigo o seré laico. Esto, a los varones, que Dios puede llamarlos a ser sacerdotes en la Iglesia.

En segundo lugar, cuando Dios me regala mi vocación también me dice el modo de vida que me toca, es decir cómo voy a vivir mi afectividad y mi sexualidad. A los que llama para ser sacerdotes el Señor le da el vivir célibe, es decir, sin casarse, dedicándose a servir a Dios y a la Iglesia. A los laicos/as seglares que Dios los llama para ser padres y madres les da el don de vivir su afectividad y sexualidad como esposos y esposas, les da el modo de vida matrimonial. A los laicos consagrados y consagradas les regala el poder vivir los votos de castidad, pobreza y obediencia, siguiendo el mismo modo de vida de que Cristo vivió en la tierra.

Al llamarme, al darme mi vocación, Dios me regala un carisma. ¿Qué es un carisma? Se trata de una forma general de vida, que atiende a lo que a mí me gusta vivir, según mi personalidad, a mi manera de ser, al modo general de vida que me hace feliz. Cuando Dios nos da un carisma es como si nos dijera: “tú vas a seguir a Jesús, pero subrayando una parte del Evangelio”. Por ejemplo, a los franciscanos y franciscanas Dios les dice: “vas a seguir a mi hijo Jesús, pero lo vas a hacer viviendo pobre, sin tener más que lo necesario para vivir, pues así vivió Él, sin tener siguiera donde reclinar la cabeza”. Y así aparece el carisma de la orden de los franciscanos y franciscanas, laicos consagrados que viven el carisma de san Francisco de Asís, anunciar el evangelio desde la pobreza. Ese es como el color de la manera de ser de los franciscanos y franciscanas. Lo mismo pasa con los dominicos o los agustinos, o con cualquier congregación religiosa, siguen a Jesús desde una manera de ser en la que se subraya un aspecto de la vida y la palabra de Jesús. Así a cada uno el Señor le da un carisma con el que va vivir su vacación.

Finalmente, con la vocación, el Señor también le da a uno una profesión. Profesión quiere decir aquel trabajo, ejercicio o habilidad en que uno se especializa, se hace experto. Es como la carrera que uno hace. Pues Dios también le regala a uno los dones y habilidades que le permiten a la persona hacerse experto, estar bien preparado para desarrollar un determinado trabajo o responsabilidad que esté de acuerdo con la llamada, con la vocación que hemos recibido del mismo Dios.

En conclusión, hermanos y hermanas, cuando Dios te llama, Dios te llena con una serie de regalos que te permiten vivir la vocación a la que te ha llamado. Y para los seguidores de Jesús en la Iglesia Católica el resumen de esos regalos podría ser el siguiente: “Dios me dio una vocación: me regaló, un “estado de vida” en la Iglesia, un “modo de vida” para mi afectividad y mi sexualidad, un “carisma” como mi manera de seguir a Jesús de acuerdo a mi personalidad, y una profesión con la que ejerzo bien un trabajo según mis propias habilidades”.

 

 
   
Página actualizada el 04/23/2005 19:13